Cuando una familia cruza por primera vez la puerta de Espacio Moma, suele hacerlo con una mezcla de sentimientos encontrados. Hay un amor infinito hacia su hijo, pero también cansancio, dudas y el peso de un sistema que no siempre sabe acoger la diferencia. Como psicólogos infantiles, nuestra primera misión no es evaluar al niño con una tabla de frío rendimiento. Nuestra labor es abrazar a esa familia y validar sus emociones. Entendemos que la neurodivergencia no es una enfermedad que deba curarse, es, sencillamente, una forma distinta de procesar la realidad, de sentir y de comunicarse con el entorno.
En este artículo, queremos explicarte en profundidad cómo trabajamos desde una perspectiva integral. Queremos que comprendas por qué la unión de diferentes disciplinas es la clave del éxito. Pero, sobre todo, queremos que sientas que tu hijo tiene un lugar seguro donde ser él mismo.
¿Qué significa realmente la intervención integral?
A menudo, las familias reciben recomendaciones de ir al logopeda, al psicólogo, al fisioterapeuta y/o al terapeuta ocupacional de forma separada. Esto puede convertir la agenda del niño en una carrera de obstáculos agotadora y sin sentido aparente. La intervención integral que defendemos en Espacio Moma rompe con esa fragmentación tradicional. Para nosotros, el niño es un todo indivisible y complejo. No podemos trabajar el lenguaje sin tener en cuenta su estado emocional o su regulación sensorial previa.
Nuestro equipo funciona como una red de seguridad bien tejida. Compartimos objetivos, unificamos criterios y nos reunimos constantemente para ajustar las estrategias. Si el logopeda percibe que el niño está muy inquieto en su sesión, el terapeuta ocupacional aporta herramientas de autorregulación inmediatas. De esta manera, el pequeño no siente que está trabajando en sitios diferentes. Siente que está en un entorno coherente que lo comprende de forma global.
El respeto a la neurodiversidad como punto de partida
El término neurodiversidad nos invita a cambiar el foco de nuestra mirada profesional. No hablamos de cerebros que necesitan ser rehabilitados, sino de cerebros diversos y singulares. Esta visión es fundamental para proteger la autoestima del niño desde su infancia. Si un pequeño crece sintiendo que algo en él «está mal», su salud mental se verá afectada. En España, organizaciones como la Confederación Autismo España trabajan arduamente para promover esta aceptación social necesaria.
En nuestro centro, aplicamos este respeto en cada minuto de la sesión. Si un niño necesita moverse por la sala para concentrarse, no le obligamos a estar sentado. Si un niño prefiere comunicarse a través de pictogramas antes que, con la voz, validamos esa comunicación plenamente. Lo más importante siempre es el vínculo y la conexión humana entre nosotros. Queremos que cada niño sienta que sus fortalezas son vistas y valoradas por los adultos que le rodean.
Un caso de éxito: El camino de Lucas
Para entender mejor cómo trabajamos, queremos compartir la historia de Lucas (nombre ficticio). Lucas llegó a Espacio Moma con cuatro años. Sus padres estaban preocupados porque no hablaba y solía tener rabietas intensas en lugares concurridos. En otros centros le habían dado diagnósticos aislados, pero la familia se sentía perdida sobre qué paso dar primero.
El análisis del equipo
En lugar de tratar las rabietas como un problema de conducta, nuestro equipo se puso a trabajar. El terapeuta ocupacional descubrió que Lucas tenía una hipersensibilidad auditiva severa. Los ruidos de la calle le causaban dolor físico real. El psicólogo infantil observó que sus rabietas eran, en realidad, crisis de ansiedad por no poder comunicar su malestar. Finalmente, la logopeda detectó que Lucas tenía muchas ganas de interactuar, pero no sabía cómo organizar los sonidos.
La estrategia conjunta
No trabajamos cada cosa por separado en días distintos. Diseñamos un plan donde la prioridad era la regulación sensorial. Una vez que Lucas empezó a usar cascos de cancelación de ruido y dieta sensorial, su ansiedad bajó. Con un sistema de comunicación aumentativo (comunicador de alta tecnología), empezó a pedir lo que necesitaba. Al reducirse su frustración, las rabietas desaparecieron casi por completo. Hoy, Lucas no solo empieza a usar palabras, sino que es un niño que disfruta del parque con sus amigos. Su familia ya no tiene miedo a salir de casa porque ahora entienden qué necesita su hijo en cada momento.
El apoyo a las familias: el corazón del tratamiento
Ninguna terapia es efectiva si la familia no se encuentra emocionalmente bien. Los padres y cuidadores son las figuras de apego principales en la vida del menor. Por eso, en nuestro centro dedicamos gran parte de nuestro esfuerzo al acompañamiento familiar constante. Sabemos que criar a un niño neurodivergente puede ser físicamente agotador y socialmente aislante en ocasiones.
Ofrecemos espacios de desahogo y formación práctica adaptada a cada hogar. No se trata de dar lecciones teóricas, sino de ofrecer herramientas útiles. Cuando los padres comprenden el perfil sensorial de su hijo, las conductas cambian de significado. Se entienden como una respuesta a una sobrecarga que el niño aún no sabe gestionar solo. Ese cambio de mirada alivia la culpa y fortalece el vínculo afectivo de forma inmediata.
La importancia de la Terapia Ocupacional
Muchos niños neurodivergentes experimentan el mundo de manera muy intensa o muy leve. Un ruido cotidiano puede ser doloroso, o el roce de una etiqueta puede resultar insoportable. Aquí es donde la Terapia Ocupacional realiza una labor fundamental para el desarrollo. No se trata solo de trabajar la motricidad fina o la escritura. Se trata de organizar el sistema nervioso para que el niño pueda estar «presente».
A través del juego motriz, ayudamos al niño a procesar la información de sus sentidos. Esto tiene un impacto directo en su capacidad para prestar atención y aprender en el colegio. Portales como EFISIOTERAPIA, muy consultados en España, destacan cómo el entorno influye en el desarrollo. Un niño regulado sensorialmente es un niño feliz y predispuesto a interactuar con los demás de forma positiva.
Comunicación y Lenguaje: mucho más que hablar
A veces, la mayor preocupación que traen los padres es el habla. La logopedia en nuestro enfoque integral busca siempre la comunicación funcional. Comunicar es mucho más que emitir sonidos; es compartir un pensamiento o una emoción. A veces se hace con palabras, otras con gestos o miradas.
Lo más importante es que el niño sienta el deseo y la seguridad de conectar. Trabajamos siempre desde sus intereses propios, ya sean los dinosaurios o los trenes. Si seguimos el interés del niño, su motivación se dispara y el aprendizaje surge solo. Instituciones como la Fundación ONCE subrayan que la accesibilidad comunicativa es un derecho básico de toda persona. Nosotros nos aseguramos de que cada niño tenga su propia voz, sea cual sea el canal que utilice para expresarse.
El desarrollo socioemocional y la identidad
Ser neurodivergente en un mundo diseñado para la norma puede ser un reto diario. A menudo, estos niños reciben muchos mensajes negativos sobre cómo deben comportarse. En el área de psicología infantil, trabajamos para reconstruir esa imagen personal dañada. Fomentamos la resiliencia y el autoconocimiento desde las primeras etapas.
Es vital que el niño entienda por qué a veces se siente diferente, sin que eso sea una carga. Trabajamos las habilidades sociales desde un prisma de total autenticidad. No queremos que los niños «actúen» para encajar en la sociedad. Queremos que encuentren formas saludables de relacionarse siendo ellos mismos. El bienestar emocional es la base sobre la que se apoya cualquier otro avance terapéutico.
Intervención en el entorno escolar
Nuestro trabajo no termina nunca en las paredes del centro terapéutico. La verdadera inclusión ocurre en el colegio, en el comedor y en el recreo. Por eso, mantenemos un contacto fluido con los orientadores y maestros de nuestros pequeños pacientes. Proponemos adaptaciones sencillas que pueden marcar una gran diferencia en el rendimiento escolar.
La Confederación ASPACE siempre recuerda que la participación activa es la clave de la inclusión. Un niño que puede participar en su clase desarrolla un sentido de pertenencia vital. Ayudamos a los centros educativos a entender que las adaptaciones no son privilegios. Son herramientas de equidad necesarias para que todos los alumnos aprendan en igualdad de condiciones.
El valor del juego como motor de cambio
Si entras en una sesión en nuestro centro, verás juegos, risas y mucho movimiento. Para un observador externo, podría parecer que los profesionales «solo están jugando». Para un psicólogo infantil, el juego es el escenario más complejo de aprendizaje humano. Jugando se negocian reglas, se tolera la frustración y se resuelven conflictos.
El juego permite al niño ensayar situaciones de la vida real en un entorno seguro. Es el vehículo a través del cual exploran su identidad y sus propios límites. En nuestra intervención integral, el juego es algo sagrado. Es la forma más respetuosa de entrar en el mundo del niño y pedirle permiso para acompañarle.
Una mirada al futuro con esperanza real
Sabemos que el camino del desarrollo no es una línea recta ascendente. Hay avances espectaculares y también momentos de estancamiento que requieren mucha paciencia. Nuestro enfoque integral está diseñado para acompañaros en todas y cada una de las etapas. No buscamos metas genéricas impuestas por manuales, sino hitos significativos para vuestra vida diaria.
El éxito no es que el niño deje de ser neurodivergente algún día. El éxito es que el niño se sienta capaz, amado y comprendido hoy mismo. Que pueda ir a la escuela con confianza, que tenga amigos y que disfrute de su infancia.
En Espacio Moma, creemos firmemente que cada pequeño tiene un potencial extraordinario esperando a ser descubierto con paciencia y respeto.
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